...y es que cuando la veo me rodillean los garanfios y se me entrecruzan las parajunglas, como si alguien adenfrara de repente la esgéntula y miles de girongublios y targetulias inundaran poco a poco la cuidad. Ni hablar cuando su escaramota pasa cerca de mí como en un pausado bubuleo y puedo sentir el perfume de su lúvena acurrusando todo mi trumeño. Sinceramente no habría otra cosa más hermosa para mí que saglearle el corazado y tomarle fuerte de la clanma para ir besándonos bajo cada truvufelo.-
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