“Oh, vida, mi vida ¿por qué te fuiste?”
He aquí la cuestión.
Tres personajes: Teseo, el Minotauro y la vida del Minotauro.
Entra Teseo, vigoroso por el laberinto empuñando el arma que quitará la vida del Minotauro. La bestia esperará lo inevitable, y unos minutos después de que el puñal atraviese la carne, su vida, la vida del Minotauro se habrá ido como algunos sueños por la mañana o el olor a cigarrillo de la ropa.
A continuación, no la lisa y llana muerte del monstruo, sino una sucesión de escenarios donde éste repetirá su suerte.
Las grises paredes del laberinto antes cubiertas de telarañas, luego cubiertas de musgo, ahora paredes oxidadas. Lo que primero intrincados pasillos, luego calles de tierra, después veredas de la cuidad encendida, ahora miradas indiferentes sobre cuerpos sudorosos en alguna discoteca.
El Minotauro despertando una y otra vez a cada nuevo ámbito. Sobrevolando con la mirada los adoquines de la plaza España, en el café de la esquina o sentado a una orilla de la cama admirando su vida. La que quizás se llamará Julieta, Alicia o Carmencita. Acariciando lentamente el pelo de su vida dormida.
Esperando.
El puñal, tanque de cerveza o llave del auto girando sobre el dedo. El laberinto en la antigua isla de Creta, en Liniers o sobre la calle espejo. La vida del Minotauro sobre su regazo, bajo la lluvia o bailando bajo las luces intermitentes. Y finalmente el encuentro.
Tres personajes: Teseo, el Minotauro y la vida del Minotauro.
Entra Teseo vigoroso abriéndose paso entre la multitud, empuñando el arma que quitará la vida del Minotauro. La bestia esperara lo inevitable, y unos minutos después de que el puñal atraviese la carne, su vida, la vida del Minotauro se habrá ido como el tren de las 12:50 a las 13:05 o como la mosca que se fuga de su vaso-prisión…
“oh, Carmen, mi vida, ¿por qué te fuiste?”.-
...
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