Cuando Hyppolite hubo de estar en ocasión frente al Mar, intentó acercase lo mayormente posible a su oído, y susurró:
"Disculpe
su salada majestad,
pero tenía
que verlo.
"Nuestro barco
se ha hundido,
allá,
detrás
de la montaña,
y mi amada yace
en el fondo.
"Naufrago
de tierra he sido,
más he llegado
arrastrado a su orilla.
"purifíqueme,
le ruego,
devuelvame mis fuerzas,
mi razón
de ser.
Por favor,
explíqueme
como funcionan
las mareas,
necesito
saber
el secreto
para ir
a buscarla".
El Mar, enfadado, revolcó a Hyppolite en la arena. Hizo un pausado silencio y finalmente sentenció:
"¿Acaso crees
que el amor
no muere,
que tu
no mueres?
Yo no dudaría
tragarte
ni un segundo.
Agradece
la indulgencia
de la Tierra.
"¿Acaso crees
que puedo abrirme
ahora?
Como veras,
no me abro
a muchos
por aquí.
"Demasiado tarde,
muchacho,
si demasiado pronto.
"Un buen capitán
se hunde
con su navío,
deberías saberlo.
¿Acaso
no escuchas
en tu corazón
el eco
de tu amada?"
Hyppolite asintió con la cabeza. Sacudió su ropa y regresó desbastado.-
...